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| Mitología familiar, por María Giselle Possi |  Los personajes mitológicos de la familia Torres (Castro Possi Carrizo), como solemos llamarla con mi hermana, son inigualables y a la vez genéricos de todas las familias “bien” del planeta. En reglas generales, sin ahondar muy mucho en individualidades, la norma general es la arrogancia y la sabiduría. Fachos por excelencia, de extrema derecha derechísima y nacidos convencidos de la superioridad descolorida. ¿Virtudes autoproclamadas?...son varias y a saber compartidas: longevos, de salud férrea y contextura física delgada (porque el comer poco es sinónimo de mesura, una característica muy bien conceptuada en la familia), asiduos lectores de literatura didáctica y entre el top ten de las mujeres, encabeza el “Conde Lucanor” y bien cerquita por detrás “La perfecta casada”. Blancos y de poco bello, con tendencia europeizante absoluta; son de escuchar “música” que no es otra que la clásica. Habiendo pasado ya la barrera de los 70 en promedio y teniendo en cuenta la cantidad de hermanos, (sin contar los naturales) podríamos decir que sumando las edades pasamos ampliamente el bicentenario…pero no se les nota, ante todo son lúcidos !!! Cada uno de los “fundadores” de esta estirpe, se arriesgó a mezclar su néctar sagrado con otros simples cristianos, lo que dio lugar al mestizaje. Este mestizaje es la causa de que los nacidos bajo sus signos, no seamos de pura cepa y acerquemos defectos a la tan bien ponderada raza MATER. Generalmente los herederos tenemos (entre otros defectos) no ser madrugadores, algo deleznable para el clan. Para su disgusto nos hemos reproducido a nuestra vez con familias criollas, y con eso provocamos aun más alboroto al árbol genealógico ya antes alborotado y mezquino. “Peor aún” la mayoría de las representantes femeninas, entre las que no me incluyo, se casó con el vestido corte imperio y un poquito hinchada de gases… y eso si se casó primero. Lo que apaciguó las aguas es que todas tuvieran hijos bonitos por demás. Tema aparte la educación. Lo que hace el niño en su infancia, será un reflejo del hombre del mañana, es por eso que en su listado de prioridades estaba primero el “cansar al niño” para que no tenga tiempo de hacer estupideces. De ahí proviene que los herederos seamos multifacéticos. Lunes, miércoles y viernes ir a Inglés, de lunes a viernes a clase de apoyo de Matemáticas. Dos veces por semana piano, que lloré para ir y después lloré más aun para dejar (porque lo que se comienza se termina, no es cuestión de andar probando a ver qué le gusta a uno). Martes y jueves Taller literario. Los sábados a la mañana Educación plástica (eso cuando no hacía el catecismo), por la tarde reuniones en el grupo Scout y el domingo…¡nada de desperdiciar el tiempo!, había que levantarse a más tardar a las 10.00 hs porque siempre se inventaba algo que hacer. Eso que yo pertenecí a la generación de rienda suelta, porque no participé de las clases de declamación, clarinete, gimnasia artística, danzas clásicas y no sé que más haya habido para hacer fuera de la escuela y esa agenda apretada. Bien se puede apreciar que en esta familia no se pierde el tiempo. El tiempo es oro y como tal, hay que cuidarlo.
Ahondando más en individualidades, que no son más que pequeñas preponderancias de rasgos compartidos, tenemos a los fundadores. Entre ellos al loco poeta, como me gusta llamarlo. De todos, por lejos, es mi personaje preferido. Es cierto que no vive ya, pero hace poco abandonó el clan y su recuerdo está muy vivo. Fabulador, un trovador de otros tiempos, creador de universos infinitos, mágicos y atrapantes. Yo de niña al volver de taller literario, pasaba por su negocio y lo saludaba. Mi saludo era una excusa para escucharlo contar historias inventadas, mezcladas con la verdad tirada de los pelos. Su problema era que el pobre no conocía los límites de la verdad y la mentira, vivía sumergido en esas turbias aguas y no lograba salir a flote. En esos mares nadaba yo como un pequeño pez en el agua. Si hay algo que adoré siempre era escucharlo recitar poemas, tales como “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca y cuando el hada mala del olvido lo traicionaba, tenía la capacidad inmediata de no abatirse, sino pelear contra la corriente y ser un gran improvisador de lo ajeno. Terminaba “La vida es sueño” mezclada con las Redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz, pero con una calidad para mezclarlas, que podría decirse, era un autor nato. Ni que hablar de su conocimiento por la música clásica. Con sólo escuchar el inicio de una “pieza” como las llamaba, le bastaba para decir el nombre de su autor y movimiento. Eso sí, lo mejor era escuchar la vida del músico y todas las peripecias que vivía. En grande pude distinguir las incongruencias temporales (a menos que Mozart tuviera teléfono y yo no lo hubiese sabido).
Otro de los personajes es el puritano, quien tiene el dedo indicador para señalar la más mínima incorrección que uno pueda llegar a cometer en el futuro muy lejano. Con él, yo comprendí que existen dos posturas posibles: la primera es no conversar y sólo sonreír. La segunda, para la que reconozco, hay que tener muy bien templado el espíritu y no es mi caso, es dejarlo hablar y aceptar todas y cada una de sus palabras, a fin de salir airoso en la conversación. Como verán, tiene un manual de instrucciones muy sencillo a simple vista, pero imposible de llevar a la práctica. De la estirpe, es el representante conservador por excelencia.
Debo hacer justicia, al ser yo descendiente segunda, debo hablar de la amazona que me dio la vida. Sucede que por cuestiones del destino, no pude conocerla; pero…como los chismes siempre llegan volando, tengo datos para aportar sobre mi madre. Era la más joven del clan y distanciada del resto por una diferencia temporal importante, por lo que quizá hubiera sido un poco más transigente ideológicamente hablando. De todos modos, fue definida por los conocedores como divertida, pero con un carácter como pocos. De por sí todos poseen un gen inflamable que reconozco haber heredado. Pareciera ser que esta dama, lo tenía en cada uno de sus cromosomas. Mis hermanas, que “la vivieron” tienen anécdotas muy tiernas y a la vez, momentos que hasta sus compañeros pueden recordar a carcajadas. Parece ser que a la Mara (así le decían) no le gustaba que sus hijas sean burras en Latín, en Francés…bueno, para ser justa, en casi todas las materias…y parece ser también, que menos le gustaba enterarse de la “burrez” de sus hijas en la escuela, por lo que cuentan ciertos testigos que llegó a tirarle de los pelos a mi hermana ni bien se empapaba con la noticia. Una vez yo de pequeña fui mojada con soda desde el sifón directamente y no específicamente en carnaval, sino en el almuerzo (porque nunca me gustaron los fideos a la manteca). Y hablando de las mujeres de la familia seguiré con la mayor de ellas. Según muchos, es lo que me espera físicamente en el futuro. Es delgadita y liviana, parece que desde ya tenemos la misma cadencia al andar. Si hay alguien que tuvo arte en las manos para la repostería es ella. Una arquitecta de lo dulce, manos de hada para los budines que hasta el día de hoy son míticos (y a pesar de la artrosis de la pobre, la seguimos incitando culposamente a hacerlos). Quién no tuvo una torta de sus manos en la familia no tuvo infancia. Cuando el mazapán no existía o al menos era un artículo que no llegaba a estos lares, ella ya era toda una pionera en tortas decoradas. Hacía tortugas gigantes, a mi me hizo para mi cumpleaños número dos una torta con una muñeca de hada. Pensar en ella es pensar en la ropa pulcra, con polleras “no sentadas” para no tener arrugas; en la lavanda inglesa Atkinson, en estar bañada en talco y no jugar con los chinos de la vereda. Pero cómo mimaba la tía, de noche me hacía huevito pasado por agua casero de su gallinero, con sal y los trocitos de pan ya cortados sobre el huevo, acompañado con juguito natural de naranjas sanguíneas. Y… hablar de ella es imposible sin hablar de mi otra tía, la cabeza de compañía de este novedoso teatro de variedades. Mi Tía “Sarmiento”, impulsora y prócer educativo en zonas rurales. Tuvo seis hijos y seis licencias, ni una más ni una menos. Su nombre suena en la escuelita de “Los Agudo” como un fantasma para cualquier directora que aun hoy, pretenda hacer bien su tarea. Conocida su historia, cuando llego no había nada, era un páramo. Se fue dejando terreno propio a la escuela, grados construidos, una huerta, asistencia perfecta de alumnos (sino los mandaba a buscar con la policía) y el ejemplo. Si tendrá anécdotas que contar, las peripecias vividas en tantos años de servicio y andadas en sulqui cruzando el río. Eso sin contar que tuvo seis hijos, crió dos sobrinos, la Kika y la Susana…siendo la última especial en todo sentido. Esta tía ejemplo o modelo, actualmente cambió su costumbre de dirigir escuelas, por la costumbre de enseñar en otra área, la Metafísica. Posee un club de fans (como me gusta llamarles a sus alumnos) bastante numeroso y entre ellos figura la Tía repostera. Son dos polos opuestos, la metafísica tiene por lema el “yo puedo” aunque a veces no pueda ella lo cree igual y la otra pobre ya tiene las limitaciones típicas de las 83 primaveras y “no puede”. Una conversación entre ellas es escuchada a 20 cuadras a la redonda, porque “aunque crea que puede”, ya no escucha y la otra Tía menos. Todos los miércoles y sábados se repiten las subiditas de tono entre “ya te he dicho que si podés, que depende de vos” y entre “pero ya te he dicho que se me endurecen las manos, que tengo los dedos duros, que no duermo, que no como, que no…que no, que no y que no! “ Y son largas las horas en las que se repiten los nombres del amado “Conde Saint Germain” (que para mí es una estación de trenes de París), el Rayo Azul de la voluntad, el Rosa del amor divino, el Amarillo (que me vive recomendando) de la sabiduría, el Oro-Rubí de la opulencia, el Verde de la salud, al arcoíris entero si es necesario, el pobre Arcángel Miguel a quién invocan sin cesar….cualquier color vale en definitiva, mientras no cometan el error de ir a visitarla de negro. Ahí si que se arma. Ese diálogo es repetido todos los miércoles y sábados, de todas las semanas de todos los años, de todos los tiempos…y así será por los siglos de los siglos amén, hasta que mi tanda comience con las mañas y chácharas y volveré para contárselas. |
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